A María Gallardo Gallardo
En las esquinas dobladas de la memoria,
frente a un mar desdentado y hambriento.
Ya no salen alacranes de tu boca,
solo un lenguaje sordo de pájaros ciegos
surcando el cielo.
Se han muerto las petunias en tu vientre,
un cementerio de bocas en tu oído.
Han desterrado los almendros para
que no florezcan más en ese febrero
de luto y silencio.
En la piel arrugada de tus ojos,
de espaldas a la tierra escarbada en polvo.
Ya tus pasos cansados,
ya las manos agrietadas,
ya el silencio devorándose por dentro.
Y los niños escapando de la miseria
y el lodo.
En las esquinas dobladas de la memoria,
vendaval de furia frente a los espejos del tiempo.
frente a un mar desdentado y hambriento.
Ya no salen alacranes de tu boca,
solo un lenguaje sordo de pájaros ciegos
surcando el cielo.
Se han muerto las petunias en tu vientre,
un cementerio de bocas en tu oído.
Han desterrado los almendros para
que no florezcan más en ese febrero
de luto y silencio.
En la piel arrugada de tus ojos,
de espaldas a la tierra escarbada en polvo.
Ya tus pasos cansados,
ya las manos agrietadas,
ya el silencio devorándose por dentro.
Y los niños escapando de la miseria
y el lodo.
En las esquinas dobladas de la memoria,
vendaval de furia frente a los espejos del tiempo.
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