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Mostrando entradas de enero, 2018

A María Gallardo Gallardo

En las esquinas dobladas de la memoria, frente a un mar desdentado y hambriento. Ya no salen alacranes de tu boca, solo un lenguaje sordo de pájaros ciegos surcando el cielo. Se han muerto las petunias en tu vientre, un cementerio de bocas en tu oído. Han desterrado los almendros para que no florezcan más en ese febrero de luto y silencio. En la piel arrugada de tus ojos, de espaldas a la tierra escarbada en polvo. Ya tus pasos cansados, ya las manos agrietadas, ya el silencio devorándose por dentro.                                                   Y los niños escapando de la miseria                     ...

EL REY Y LA REINA

Un tablero de ajedrez, yo no elegí el suelo. Lo hizo él, como casi todo lo que vino después del primer beso. Blanco y negro, la cara y la cruz. Después de treinta años seguimos en el mismo tablero. Quería que el salón fuera como un tablero de ajedrez. Y ahí estamos en ese juego en el que solo puede quedar uno. Enroque, dos piezas menos... Afil 3 * Caballo 2... jaque mate.

Los chicos del tren (REVISTA AMBAR)

Fue durante mucho tiempo nuestro compañero de aventuras y en cierto modo, lo seguiría siendo una vez   pasada esa etapa que no cerramos nunca de la niñez. Crecimos a su lado. Los chicos del matadero y los de la estación. Porque parecía que más allá no había más barrios o más niños. La vida todavía ocurría en los parques y en las calles, ajenos aún a los avances tecnológicos que vendrían años después. Y fue allí en aquel parque frente a la antigua estación de Renfe donde rompimos las primeras reglas bajo su hierática y atenta mirada. Donde nos enamoramos por primera vez, también a la vera de su complicidad. Y donde cómo no, saboreamos los primeros fracasos. Fue compañero infatigable de batallas a las que siempre se acercaba como una serpiente sigilosa que cuando ve a su presa, yergue el cuerpo para hipnotizarla. Así avanzó durante muchos años hasta el final de su trayecto al borde de la calle Juan Izquierdo, serpenteando las vías de tren desde lugares que a nosotros nos pa...

Esterilizado

Pestañeó dos veces para decir que sí. Un leve chasquido de dedos hizo tambalear la aguja esterilizada. Después, presionó el émbolo suavemente hasta que la solución acuosa se desbordó   por la parte superior de la jeringa. Un gesto que había repetido miles de veces. Recordó mientras lo hacía los días en la universidad donde se conocieron. Insertó la boquilla del tubo de acero en el catéter y ahora sí, empujó el émbolo hasta el final mientras pensaba en Sonia que   estaría haciendo ya las maletas y de la que para cuando él volviera ya no quedaría nadad en casa. La asepsia como forma de vida, pensó.

APOCALIPSIS

                                                             APOCALIPSIS   No pudo seguir adelante sin ella.                                 Empezó arrugándosele la piel en infinitos   pliegues sobre su cuerpo. Los filamentosos cabellos de su otrora jocosa melena demudaron al blanco.   Las dos grietas esmeralda en que se abrían sus ojos cicatrizaron en vidrio.                           ...

Auschwhitz en el camino

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        Sobre todo el frío...el frío y la humedad que se anclan como un losa. Es lo primero que te viene a la mente antes de entrar en los barracones de Birkenau. Ya hemos dejado Auschwhitz atrás y  el frío que arrastramos en la carretera hasta llegar a Birkenau corre por las entretelas del cuerpo, desgarrándolo... Con la desesperanza agujereando las manos llegamos a la entrada de uno de los barracones. Se conservan tal y como quedaron. Nos espera la penumbra más absoluta hasta que la vista se hace un hueco en ella para encontrarse con un suelo deforme, agrietado y empedrado torpemente. Unas paredes raspadas en ladrillo rojo y  tablones de madera encajados unos encima de otros para apilar cuerpos durante la noche. Al menos cinco personas por cada tablón de madera en tres alturas. Porque de eso se trataba de apilar cuerpos en los barracones. Las condiciones higiéni...