APOCALIPSIS


                                                             APOCALIPSIS 

No pudo seguir adelante sin ella.
 
                              Empezó arrugándosele la piel en infinitos  pliegues sobre su cuerpo. Los filamentosos cabellos de su otrora jocosa melena demudaron al blanco.
 
Las dos grietas esmeralda en que se abrían sus ojos cicatrizaron en vidrio. 
                                               El mar que antaño los devoró cristalizó en su mejilla en forma lacrimal. Sus carnosos labios se sellaron recogiéndose en un silencio eterno.
 
Se le enroscó el corazón en la madeja de su pena y quedó inerte sobre la faz de la tierra, ya baldía, donde fue devorado por hambrientos lobos.

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